Una empresaria de Helsinki anima a los propietarios de viviendas a compartirlas

Roost, una próspera empresa afincada en Helsinki que ofrece servicios de alojamiento sin complicaciones para propietarios, surgió casi por accidente hace cinco años, cuando su fundadora, Mari Tikkanen, se dio cuenta de que necesitaba un cambio. 

Mari, una motivada emprendedora de éxito, llevaba trabajando sin parar desde los 23 años, cuando puso en marcha una agencia de publicidad de gran resultado. Unos años más tarde, se convirtió en directora ejecutiva de la agencia de transporte público de Dinamarca, donde las presiones diarias eran aún mayores. Al final, Mari se dio cuenta de que necesitaba un descanso.

Con el lema de ser «residentes por un día, amigos de por vida», Roost de Mari Tikkanen ha sido un éxito entre el público de Airbnb.

«Me tomé un año sabático con la decisión de no hacer nada a largo plazo durante ese año», afirma Mari. Dio la casualidad de que, en ese momento, Mari se acababa de divorciar y los días en que sus hijos se quedaban con el padre tenía mucho espacio libre. «Estaba sola en una casa grande y pensé: ¿y si probara con Airbnb?», explica. El motivo principal de Mari era la curiosidad —«ver cómo funciona», dice— y la voluntad, común entre los finlandeses, de servir como embajadora de su pequeño país.

Una anfitriona inexperta descubre los entresijos del sistema

Mari nunca había utilizado Airbnb y realmente no sabía cómo funcionaba. Tomó algunas fotos de su vivienda y las subió a la plataforma de alojamiento. Antes de que se diera cuenta de que había publicado el anuncio, recibió una solicitud de reserva desde Japón. «¡Debe de ser una broma!», pensó Mari al principio. Luego, sin perder la calma, aprovechó la oportunidad y se dijo a sí misma: «Vamos allá».

Podría conocer gente nueva de todo el mundo y pasar más tiempo con mis mejores amigos y familiares. Lógicamente, el dinero adicional no me venía mal tampoco durante mi año sabático.


 Mari, directora ejecutiva de Roost 

Ese verano Mari alojó a 10 huéspedes. Como alquilaba la vivienda entera, se quedaba con viejos amigos y familiares a los que antes no venía mucho debido a su ajetreada vida. Poco a poco, el atractivo de hospedar se hizo más evidente. «Podría conocer gente nueva de todo el mundo y pasar más tiempo con mis mejores amigos y familiares», explica Mari. «Lógicamente, el dinero adicional no me venía mal tampoco durante mi año sabático».   

Antes de que terminara la temporada, un amigo la invitó a comer para pedirle consejo con vistas a anunciar un apartamento de su propiedad. Él no tenía tiempo para encargarse de ello y quería ver si podía obtener más ingresos con Airbnb que a través del alquiler de larga duración. La mujer de negocios que habitaba en Mari desde siempre acudió con el borrador de un contrato, el mismo que todavía usa con los propietarios de viviendas. También esbozó una versión temprana de lo que se convertiría en el sitio web Roost. 

Cuando Mari aceptó anunciar el espacio de su amigo, no sabía que recibiría una publicidad inesperada. Su amigo, periodista del principal diario de Helsinki, le había sugerido a un editor que incluyera a Mari en una historia sobre Airbnb. El artículo resultante, bajo el título «Una anfitriona de la nueva era», destacaba que no solo hospedaba en su vivienda, sino que también ayudaba a otras personas a ser anfitriones. La denominaban la primera anfitriona profesional de Finlandia en Airbnb. El resto, como dice Mari, es historia.

Airbnb, al estilo nórdico

Cuatro años después, Roost administra más de 90 apartamentos en Helsinki, así como propiedades en otras dos ciudades de Finlandia y en Tallín (Estonia). «Centramos nuestro servicio ante todo en las personas que no tienen tiempo o posibilidades de hospedar en sus apartamentos», explica Mari. Se incluyen las personas que están demasiado ocupadas o las que trabajan o viven en el extranjero, pero cuentan con una propiedad en Finlandia.

La propuesta de valor de Roost es convincente y sucinta: «Si tienes un espacio, podemos convertirlo en un negocio rentable para ti, sin gastos periódicos». Mari se reúne personalmente con los aspirantes a anfitriones para evaluar el potencial de ingresos de sus apartamentos y reforzar el mensaje: los propietarios solo tienen que irse de vacaciones o de viaje de trabajo; el equipo de Roost se encarga del resto. El proceso comprende cuidar la decoración y los servicios para que los apartamentos reflejen el estilo nórdico. Se incluyen servicios profesionales de limpieza, conserjería y asistencia al huésped.

Un equipo formado exclusivamente por mujeres le añade un toque especial 

Roost está dirigido por un equipo de cuatro mujeres muy unido, que, según Mari, ayuda a la empresa a diferenciarse de otros gestores de propiedades. 

«Hacemos todo lo que podemos con buena voluntad y estilo nórdico», explica Mari. «Y también queremos contarles cosas realmente importantes a nuestros huéspedes, p. ej., cómo se recicla la basura, cómo funciona el sistema de parques o cómo el transporte público permite viajar gratis con los niños. Creo que es muy importante».

Roost promete a los huéspedes ser «residentes por un día, amigos de por vida». «Te guiaremos a través del alma de la ciudad para mostrarte los lugares más recónditos que no aparecen en las guías de viaje típicas», indica su sitio web. Las recomendaciones van desde los pubs y bistros del barrio hasta saunas únicas, trayectos en ferry hasta islas remotas, galerías ocultas y joyas arquitectónicas. 

Mari espera que su último éxito empresarial, basada en su costumbre de ponerse manos a la obra, no solo sea una empresa duradera, sino también una lección, de algún tipo, para sus hijos.

«Creo que les doy buen ejemplo a los niños», añade. «Sabes que puedes elegir qué quieres hacer y que no necesitas educación superior para acceder a un puesto ejecutivo, que puedes cambiar de un sector a otro, cosas así», explica Mari. Sin embargo, hay algo que Roost no le ha permitido lograr: vivir a un ritmo más tranquilo. «Trabajo demasiado», admite. 

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